miércoles, 13 de julio de 2011

LA CULTURA AFRONEGRISTA DE LA CONQUISTA PRESENTE EN CHINANDEGA


El primer esclavo negro llegó a Nicaragua en 1523, con Gil González Dávila, quien lo había comprado por trescientos pesos en Panamá. De allí partieron a la futura provincia –acompañando la expedición conquistadora de Francisco Hernández de Córdoba–, más de una decena. Dos pertenecían a la gente del capitán Hernando de Soto (“Francisco, negro de Talavera” y “Perico, negro”), cuatro a la del capitán Francisco de la Fuente (“el negro de Ruy Díaz” y los de Solís, de Nufio de Olano y de Andrés Muñoz) y otros cuatro a la del citado Hernández de Córdoba (“Vicentico, negro”, “Gaspar, idem”, “Juan, idem” y “Antón, idem”). Nuestra zona del Pacífico, desde entonces, estuvo poblada --a lo largo de la época colonial-- por esclavos originarios de África. Incluso se exportaron a Panamá y el Perú, entre mayo de 1539 y octubre de 1543, cuarenta y seis esclavos negros.

Otros afronegrismos incorporados al español en la zona del Pacífico los aportan primero Berendt (1874: 82): los vegetales: flor de mondongo y mondonguillo; luego Brautigam-Beer (1983: 16), a saber: mondongo (la sopa), quijongo (el instrumento musical), musuco (de pelo crespo: murruco) y moronga (la morcilla en España), vocablo que forma parte de otra unidad fraseológica, más popular que las anteriores: “Creer que la vida es moronga y el porvenir chorizo” (aplicada a la personas displicentes, que no valoran los esfuerzos de los demás). Vocablo, por otra parte, poematizado por Pablo Antonio Cuadra en su “Jalalela del esclavo negro”: “Barato el esclavo, /y no come pan!... Cara de moronga /negrito rezonga: Porque no mi dan –porque no mi dan”.
CHINANDEGA EN EL AFRONEGRISMO.
Los anteriores afronegrismos –banano; dengue, marimba, mandinga, mandanga, mondongo, quijongo, musuco, moronga (Berendt, 1874: 83) también lo registra cachimba y ñame) sobrevivieron a un fuerte proceso de dilución, en virtud del dominio político socio-económico y cultural del español. No otro fenómeno revela la pronta desaparición de un baile, “El Congo”, descrito por el ilustrado Antonio Pineda en la zona noroccidental de la provincia (Chinandega, Chichigalpa, El Realejo y El Viejo) a finales del siglo XVIII. Lo bailaba una pareja. La mujer, girando con suavidad la cintura horizontalmente, ponía una mano delante y ladeaba el cuerpo, zapateando a compás, agitada, compitiendo con el hombre que hacía vibrar el suyo con mudanzas al gusto del país, arremetiendo contra ella, mientras un animador cantaba: “Arriate, arriate, /así se bate”. Y otro respondía: “el chocolate”. Pero la mujer lo evitaba, hurtando el cuerpo en el momento oportuno y volviéndole la espalda, burlándolo y convidándolo, incitándolo... hasta que se descuidaba y un pícaro movía a la chabacana risa plebeya al cantar: “Tiene la Reina Mora/ y su turbante/un letrero que dice:/¡Viva mi amante!”.

Aunque en el parlamento no se advierte ningún afronegrismo, sino un vocablo incorporado al español procedente del náhuatl –chocolate– y el más legítimo español, Pineda no podía ocultar su origen: “El nombre de este baile y su explicación da una idea de su origen africano, y de su poca decencia: felizmente sólo lo usa la plebe en las fiestas de gran bulla, o de mucha confianza”. Lo mismo puede afirmarse de otro baile dialogado de la misma zona y también colonial, cuyo principal vestigio –una décima– le dictó a mediados de los años cincuenta del siglo XX a Carlos Mántica una persona mayor, don Francisco Reyes Callejas, en la ciudad de Chinandega. Dicho parlamente, que consta de numerosos versos, fue rescatado por las dos hijas del algodonero y coleccionista de arte precolombino de El Viejo, de la fiesta patronal dedicada “al San Roque mulato” –hoy desaparecida–, cada 16 de agosto:

T “Mulato: ¿Quién es esa mulatona, /que allí por la calle va, /tan simpática y tan mona, /con su mano al tercio va?/ /Mulata: Yo soy la mulata, /linda y hechicera. /Yo soy la mulata, /la mulata callejera. /Esa soy yo, ¡ay!, sí señor /que traigo el alma llenita de amor.// Mulato: Sonriendo con esa boca, /tan dulce como un panal, /y echando por las caderas, /azúcar, canela y sal..// Mulata: Mirando con estos ojos, /que llenos de fuego llevo, /haciendo con mis chinelas /chiqui, chiqui, chiqui, chiqui, chiqui, cha”. Apenas en el departamento de Masaya (zona suroccidental del país) se conservaron como folklore vivo bailes como “Los chinegritos” y “Las negras”, hace varias décadas reelaboradas artísticamente por grupos danzarios.

África, pues, no marcó diferencia apreciable en nuestro español. Pero sí en una lengua étnica hablada en la zona del Caribe: el miskito. Brautigam-Beer (1983: 16) ha establecido una relación directa entre el léxico africano y el miskito, detectando en un cuadro 20 palabras procedentes de otros tantos idiomas africanos hablados en Alto Volta, Angola, Fernando, Po, Mali, Nigeria, Togo y Zaire, entre otros paíseS.

FUENTE.NUEVO AMANECER. /LIC:RENE DAVILA /13060011"

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