martes, 19 de mayo de 2015
COSAS DE CABUYA
Un coleccionista de antiguas fotografías mostraba unas cuantas
en que aparecía Francisco Sequeira, el caudillo viejano que surgió de
la guerra civil de 1926, mejor conocido por Cabuya. En una de ellas,
como un niño, con cutachón, rifle y dos pistolas, una en su funda y la
otra en la mano derecha como si apuntara. En la otra fotografía, montado
a caballo, rodeado por compinches también montados y precedido
por unos cuantos hombres a pie portando instrumentos musicales.
En ambas se notaba al hombre primitivo, de mente infantil. Cabuya tenía
entonces 23 años.
Mirábamos las fotografías mientras algunos, testigos de aquellos
días, reconocían a las personas retratadas.
De pronto uno del grupo reconoció a don Juan José Guerrero
Pereira, amigo nuestro, músico de ántaño, agricultor de estos días, conocido
cariñosamente con el alias de "Juan Violón" por el nombre popular
con que se,conoce al contr^g9ue en sus años mozos pulsaba. Ari-i-
— iAh, eso qué importa! iCabuya lo hacía tocar cualquier instrumento!—
exclamó uno.
Y así era
Corría el año 1926. La guerra en su punto culminante. Moncada
avanzaba por entre la manigua camino de Managua. Cabuya, mientras
tanto dueño casi sin oposición de El Viejo y sus alrededores, se había
convertido en caudillo implacable, señor de vidas y haciendas, con su secuela
de crímenes.
Asombra aún, viendo la sola fotografía de Cabuya, saber a lo que
nos llevaron esas guerras, pensando en los monstruos que nacieron con
ella, de un lado y otro y los instintos feroces que despertaron.
¡Cómo habrán temblado los hombres pacíficos y las mujeres indefensas
viendo pasar por las calles a ese forajido seguido por una
chusma sedienta de sangre, de rapiña y de aguardiente! Más aún... seguido
hasta de jóvenes decentes e inexpertos que, guiados por un loco
afán de aventuras, habían buscado al siniestro y grotesco personaje, sin
poderse volver atrás, llenos de miedo a su ira y venganza. Pero Cabuya
representaba en aquellos días la figura de un revolucionario liberal, mostrando
realmente, cuando fue necesario, su valor en "Las grietas" y en
"Chinandega" al lado de "El Caballero de la Guerra", General Francisco
Parajón.
— 107 —
Un día, mientras Cabuya bebía y bebía, corrió la noticia de un
gran triunfo de Moncada sobre las armas conservadoras; y uno de los
consejeros ae aquel, que alimentaba su mente infantil y su vanidad, le
indicó que aquella victoria debía darse a conocer con un bando con
acompañamiento de música.
Gustó a Cabuya la idea y ordenó en el acto que se reuniera la
banda, pero... desdichado incidente, faltaba el del bombo, ausente en
esosmomentos.
Corrían de aquí para allá los ayudantes del fiero caudillo, buscando
con angustia a un sustituto, cuando se oyó una voz:
—juan Violón es músico y tal vez pueda tocar el bombo.
—No, —advirtió otro— ese sólo toca el violón.
Cabuya que entre copa y copa oía, puso fin a la discusión.
—Si es músico debe tocar cualquier calache. Vayan a traerlo.
Asunto concluído. La orden debía cumplirse sin dilación. Juan
Viokm debía venir y tocar a como diera lugar. El "primer ayudante de
campo" "Coronel" Pedro J Espinoza dio sus instrucciones.
—Vengo, —dijo el enviado Isaac Amaya al llegar a casa de don
Juan José Guerrero— de parte del General Cabuya. Que te presentés
inmediatamente porque vas a tocar el bombo.
—Pero si yo no sé tocar ese instrumento. Vos sabás que yo sólo
sé tocar el contrabajo.
—Yo no tengo que ver —le dijo tocándose la razón contundente
de su "38"— Andá, maniate y no repliqués, que ya sabés cómo es el
GeneraL
Don Juan José Guerrero, temblando de miedo se fue a tocar el
bombo.
Tal vez el temblor le ayudó a tocar mejor los redobles, para su
suerte, porque una nota mal dada oída por Cabuya le hubiera costado
la vida.
lunes, 15 de septiembre de 2014
El padre Thomas Ruiz Romero y Miguel Larreynaga próceres Nicaraguense con diferente visión.
En el proceso que condujo a la Independencia de Centroamérica hay dos personajes nicaragüenses que sobresalen tanto por la trayectoria de sus vidas como por sus aportes al ideal independentista. Ellos son: el padre-indio doctor Tomás Ruiz, prócer revolucionario, y el licenciado Miguel Larreynaga, a quien podemos calificar como prócer sabio y prudente.
Tomás Ruiz y Miguel Larreynaga fueron dos personalidades diferentes, con una visión distinta de los propósitos de la Independencia. Ambos, Ruiz y Larreynaga, merecen el cognomento de próceres. Desafortunadamente, la figura del padre-indio doctor Tomás Ruiz ha sido casi totalmente olvidada.
Ambos provenían de estratos sociales similares, aunque Ruiz era indio puro y Larreynaga mestizo. Los dos iniciaron sus estudios en el antiguo Seminario de San Ramón, en la ciudad de León, entonces capital de la Provincia de Nicaragua, y los culminaron con honores en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Por su preparación académica e inteligencia, ambos se incorporaron a la clase media alta de la ciudad de Guatemala, dentro de la cual se identificaron con el sector ilustrado, aunque Ruiz tuvo una visión progresista y revolucionaria de la Independencia y Larreynaga una concepción conservadora, precisamente la sustentada por los criollos y por algunos españoles que la proclamaron el 15 de septiembre de 1821. Ambos fueron catedráticos universitarios, brillando por su talento en la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Hasta aquí las similitudes. En todo lo demás difieren, tanto en los acontecimientos que perfilaron sus biografías como en cuanto a sus personalidades, que seguramente influyeron en sus distintas maneras de percibir el camino a seguir para poner fin al régimen colonial español y las repercusiones que la Independencia debía producir en las estructuras económicas y sociales de la sociedad centroamericana. Ruiz, en este sentido, fue la encarnación de los curas liberales de la época, entusiasmados con la revolución que en México encabezaron Hidalgo y Morelos. Larreynaga, prudente, fue un fiel funcionario del sistema colonial hasta en vísperas de la Independencia. Supo, sin embargo, pronunciarse a favor de su inmediata proclamación y luego puso todas sus luces al servicio de la organización de la nueva patria. Sin embargo, su visión de la Independencia fue limitada: sustituir a los peninsulares por los criollos, dejando intactas las estructuras sociales coloniales.
Miguel Larreynaga participó en la reunión de autoridades convocada el día 15 de septiembre de 1821 por el propio capitán general español Gabino Gaínza, para analizar la situación de la capitanía general de Guatemala ante el hecho de que dos provincias, entonces centroamericanas, Chiapas y Soconosco, habían proclamado la Independencia conforme al “Plan de Iguala” del mexicano Agustín Iturbide. Don Miguel, cuya opinión era muy respetada, se pronunció en dicha asamblea en apoyo a la tesis de la proclamación inmediata de la Independencia de Centroamérica y formó parte de la primera Junta Consultiva, creada ese mismo día en representación de Nicaragua, su provincia natal.
Por su parte, el padre indio Tomás Ruiz aparece en diciembre de 1813 en el Convento de Belén de Antigua Guatemala dirigiendo la conspiración conocida como “La Conjura de Belén. Delatados por uno de los conjurados, todos fueron capturados la noche del 23 de diciembre, antes de que se llevara a cabo el plan revolucionario encaminado a deponer a las autoridades españolas. Dieciocho personas participaron en la conjura. El fiscal pidió la pena de muerte por ahorcamiento para algunos y garrote vil para los cabecillas, entre ellos Ruiz. Por gestiones de personas influyentes de Guatemala, estas bárbaras penas no se aplicaron, pero todos permanecieron más de cinco años en las sórdidas cárceles coloniales, siendo el padre Ruiz quien sufrió la pena más extensa: casi siete años, que incluyeron largos períodos de incomunicación, privaciones y desprecios. A fines de 1819, estando ya libre, el padre Ruiz solicitó permiso para trasladarse a la ciudad Real de Chiapas. Cuando el prócer nicaragüense solicitó autorización para viajar a Chiapas tenía 42 años de edad. Pero la cárcel que soportó por casi siete años minó a tal grado su salud que se supone falleció poco tiempo después de su traslado y, posiblemente, antes de la proclamación de la Independencia. Se ignora lo que fue de su vida después de su retiro a Chiapas y ni siquiera se sabe dónde fue enterrado este notable prócer de nuestra Independencia.
HUMEDALES DEL COSIGUINA NICHO ECOLÓGICO NATURAL.
Don Santos Guevara nos recibe en los humedales de Las Pozas, y nos cuenta:
“Yo soy un guardaparque voluntario y líder de la comunidad de La Piscina. Con LIDER llevo sobre dos años. Cuando construimos este pequeño sendero para recorrer el humedal, pusimos varas de madera para retener la tierra, también construimos puentecitos en los lugares donde pasa el río.
En este humedal se encuentra la palma paceña, que es la palma con que se hacen los ranchos, ella nace rápido pero es tardada para crecer, necesita cinco o seis años para que la palma esté de corte y llega a medir unos 15 metros de alto.
Aquí hay tamarindo de charco, curumo, mangle rojo y angelín donde los comejenes hacen nidos y en esos nidos ponen los chocoyos. La totora o tule se usa para cubrir la cumbrera de los ranchos, como si fuera una albarda que se amarra con alambre.
En uno de los senderos se construyó una torre para mirar las aves, que vienen por temporadas a poner y a empollar los huevos, cuando sus hijitos pueden volar, se van. Los piches que vemos aquí en tiempo de lluvia, nos han dicho que vienen huyendo del frío de México, donde viven el resto del año en una gran laguna. También viene el sarapico.
Hay aves que viven aquí todo el año la garza morena, el panchón, la cuaca, el garzón y el achoscón. En el humedal está el río de San Juan, que nace en el ojo de aguas termales donde ahora hay una piscina. Ya en el curso del río caen otros vertientes, que se juntan con el agua salada, cuando sube la marea.
En el río hay pargos, robalos, guichos y cuajipales. Yo el más grande que he llagado a ver
es de unos dos metros. Son bravos, yo no me meto a pescar.
En los raizales de los mangles, viven muchos animales, viera a los mapachines comiendo tisguacales y punches. Este humedal es un lugar donde pueden venir gente a conocer o a estudiar las plantas y animales.
Nosotros como comunidad hemos recibido capacitaciones y se han formado guías de aquí, para llevar a las visitas a recorrer el humedal.
También se trabaja con la comunidad para que no saque la palma, el mangle o los animales del humedal, porque este lindo lugar se acabaría. Ya sin el manglar, ni el curumal las iguanas, los peces y las aves ya no tendrían donde poner sus huevos, ni dónde vivir, ni qué comer. En cambio con las visitas a este lugar la comunidad se beneficiaría.
EL MIRADOR DEL COSIGUINA VISTA DE TRES PAÍSES.
El Volcán Cosigüina después de la erupción de 1835, en su parte más alta mide 872 metros, desde ahí se puede ver el Estero Real, las islas del Golfo de Fonseca, los volcanes de Conchagua y San Miguel en El Salvador, y las costas de Honduras, por lo que es un mirador de tres países. En su caldera, que tiene un ancho de dos kilómetros y medio, y 700 metros de profundidad, hay una laguna de color azul verdoso.
La península de Cosigüina, ha estado abandonada por el Estado, lo que ha permitido la cacería sin control y el saqueo de madera de cedro, laurel, y leña de quebracho, parte de estos recursos se han vendido en Honduras y El Salvador. Los incendios han causado daño así como el crecimiento de la agricultura y las áreas de pastos para el ganado.
En el área cercana al volcán hay 21 comunidades con un total de mil ochocientas cincuenta familias, que viven de la pesca, la siembra de maíz, frijol y del comercio de quesos, pescados y cerdos en pie, con Honduras y El Salvador, a través del Golfo de Fonseca.
También hay haciendas donde se cría ganado o se cultiva soya, ajonjolí, sorgo y maíz, ahí se produce la quinta parte del maní que exporta Nicaragua.
El Cosigüina es la zona del Pacífico seco de Nicaragua donde más llueve. De la erupción de1835 quedaron los Farallones, que son paredones acantilados donde se ven diversas capas de lavas, cenizas y árboles convertidos en carbón.
La parte más alta de los Farallones es Punta Cosigüina, con una altura de 100 metros sobre el nivel del mar, de ahí va bajando hasta Punta San José. Al pie de los acantilados en Ocosme, hay una playa angosta de arenas negras del tiempo de la erupción.
A diez Kilómetros adentro del golfo están las islas Farallones, que pertenecen a Nicaragua, ahí muchas aves marinas tienen sus nidos.
En la base oriental del volcán junto al camino de Potosí al pie de la Loma San Juan hay una fuente de aguas termales.
El Volcán fue declarado Reserva Natural, el 8 de septiembre de 1983, pero desde 1958 había sido declarada refugio de vida silvestre.
La Reserva tiene una extensión de 13 mil 160 hectáreas. Es una zona muy hermosa, propia para desarrollar el turismo.
Esto lo explica Bismarck Caballero de la Fundación Luchadores Integrados al Desarrollo de la Región, LIDER, organismo que administra la Reserva.
La península de Cosigüina, ha estado abandonada por el Estado, lo que ha permitido la cacería sin control y el saqueo de madera de cedro, laurel, y leña de quebracho, parte de estos recursos se han vendido en Honduras y El Salvador. Los incendios han causado daño así como el crecimiento de la agricultura y las áreas de pastos para el ganado.
En el área cercana al volcán hay 21 comunidades con un total de mil ochocientas cincuenta familias, que viven de la pesca, la siembra de maíz, frijol y del comercio de quesos, pescados y cerdos en pie, con Honduras y El Salvador, a través del Golfo de Fonseca.
También hay haciendas donde se cría ganado o se cultiva soya, ajonjolí, sorgo y maíz, ahí se produce la quinta parte del maní que exporta Nicaragua.
El Cosigüina es la zona del Pacífico seco de Nicaragua donde más llueve. De la erupción de1835 quedaron los Farallones, que son paredones acantilados donde se ven diversas capas de lavas, cenizas y árboles convertidos en carbón.
La parte más alta de los Farallones es Punta Cosigüina, con una altura de 100 metros sobre el nivel del mar, de ahí va bajando hasta Punta San José. Al pie de los acantilados en Ocosme, hay una playa angosta de arenas negras del tiempo de la erupción.
A diez Kilómetros adentro del golfo están las islas Farallones, que pertenecen a Nicaragua, ahí muchas aves marinas tienen sus nidos.
En la base oriental del volcán junto al camino de Potosí al pie de la Loma San Juan hay una fuente de aguas termales.
El Volcán fue declarado Reserva Natural, el 8 de septiembre de 1983, pero desde 1958 había sido declarada refugio de vida silvestre.
La Reserva tiene una extensión de 13 mil 160 hectáreas. Es una zona muy hermosa, propia para desarrollar el turismo.
Esto lo explica Bismarck Caballero de la Fundación Luchadores Integrados al Desarrollo de la Región, LIDER, organismo que administra la Reserva.
ACONTECIMIENTOS SOBRE LA EXPLOSIÓN DEL VOLCÁN COSIGUINA.
Un viernes 20 de enero de 1835 a las 6 de la mañana, el Volcán Cosigüina comenzó a echar un hilo de humo que se perdió entre las nubes que mantenían cobijado el cono del volcán por su enorme altura, que se calculaba en unos dos mil metros sobre el nivel del mar. Una hora después se sintieron los primeros retumbos, seguidos de temblores.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
martes, 29 de julio de 2014
Chinandega y sus tradiciones culinarias.
La sopa de queso con punche, tortas de pescado seco, punches rellenos, tortas de conchas negras, y camarones con arroz, en ceviche, empanizados y en salsa, sobresalen como las costumbres culinarias para la Semana Santa en este departamento.
El profesor Julio Zavala Rostrán, Director de Cultura de la Alcaldía de Chinandega, aseguró que además destacan entre los dulces: el almíbar de marañón, mango, jocote y groseas, conocido como “curvasá”; así como las cajetas de coco, papaya, leche y zapoyol, así como dulces secos como la toronja y la naranja, el toncuá y la cusnaca (jocotes con leche).
Entre las costumbres religiosas está la procesión del Santo Entierro, la del llamado Cristo Yacente --esculpido magistralmente--, el Viacrucis, y la reedición del centurión por parte de un grupo de jóvenes, herencia del tradicionalista José Antonio Bustamante Vásquez.
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