El Volcán Cosigüina después de la erupción de 1835, en su parte más alta mide 872 metros, desde ahí se puede ver el Estero Real, las islas del Golfo de Fonseca, los volcanes de Conchagua y San Miguel en El Salvador, y las costas de Honduras, por lo que es un mirador de tres países. En su caldera, que tiene un ancho de dos kilómetros y medio, y 700 metros de profundidad, hay una laguna de color azul verdoso.
La península de Cosigüina, ha estado abandonada por el Estado, lo que ha permitido la cacería sin control y el saqueo de madera de cedro, laurel, y leña de quebracho, parte de estos recursos se han vendido en Honduras y El Salvador. Los incendios han causado daño así como el crecimiento de la agricultura y las áreas de pastos para el ganado.
En el área cercana al volcán hay 21 comunidades con un total de mil ochocientas cincuenta familias, que viven de la pesca, la siembra de maíz, frijol y del comercio de quesos, pescados y cerdos en pie, con Honduras y El Salvador, a través del Golfo de Fonseca.
También hay haciendas donde se cría ganado o se cultiva soya, ajonjolí, sorgo y maíz, ahí se produce la quinta parte del maní que exporta Nicaragua.
El Cosigüina es la zona del Pacífico seco de Nicaragua donde más llueve. De la erupción de1835 quedaron los Farallones, que son paredones acantilados donde se ven diversas capas de lavas, cenizas y árboles convertidos en carbón.
La parte más alta de los Farallones es Punta Cosigüina, con una altura de 100 metros sobre el nivel del mar, de ahí va bajando hasta Punta San José. Al pie de los acantilados en Ocosme, hay una playa angosta de arenas negras del tiempo de la erupción.
A diez Kilómetros adentro del golfo están las islas Farallones, que pertenecen a Nicaragua, ahí muchas aves marinas tienen sus nidos.
En la base oriental del volcán junto al camino de Potosí al pie de la Loma San Juan hay una fuente de aguas termales.
El Volcán fue declarado Reserva Natural, el 8 de septiembre de 1983, pero desde 1958 había sido declarada refugio de vida silvestre.
La Reserva tiene una extensión de 13 mil 160 hectáreas. Es una zona muy hermosa, propia para desarrollar el turismo.
Esto lo explica Bismarck Caballero de la Fundación Luchadores Integrados al Desarrollo de la Región, LIDER, organismo que administra la Reserva.
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lunes, 15 de septiembre de 2014
ACONTECIMIENTOS SOBRE LA EXPLOSIÓN DEL VOLCÁN COSIGUINA.
Un viernes 20 de enero de 1835 a las 6 de la mañana, el Volcán Cosigüina comenzó a echar un hilo de humo que se perdió entre las nubes que mantenían cobijado el cono del volcán por su enorme altura, que se calculaba en unos dos mil metros sobre el nivel del mar. Una hora después se sintieron los primeros retumbos, seguidos de temblores.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
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