El Volcán Cosigüina después de la erupción de 1835, en su parte más alta mide 872 metros, desde ahí se puede ver el Estero Real, las islas del Golfo de Fonseca, los volcanes de Conchagua y San Miguel en El Salvador, y las costas de Honduras, por lo que es un mirador de tres países. En su caldera, que tiene un ancho de dos kilómetros y medio, y 700 metros de profundidad, hay una laguna de color azul verdoso.
La península de Cosigüina, ha estado abandonada por el Estado, lo que ha permitido la cacería sin control y el saqueo de madera de cedro, laurel, y leña de quebracho, parte de estos recursos se han vendido en Honduras y El Salvador. Los incendios han causado daño así como el crecimiento de la agricultura y las áreas de pastos para el ganado.
En el área cercana al volcán hay 21 comunidades con un total de mil ochocientas cincuenta familias, que viven de la pesca, la siembra de maíz, frijol y del comercio de quesos, pescados y cerdos en pie, con Honduras y El Salvador, a través del Golfo de Fonseca.
También hay haciendas donde se cría ganado o se cultiva soya, ajonjolí, sorgo y maíz, ahí se produce la quinta parte del maní que exporta Nicaragua.
El Cosigüina es la zona del Pacífico seco de Nicaragua donde más llueve. De la erupción de1835 quedaron los Farallones, que son paredones acantilados donde se ven diversas capas de lavas, cenizas y árboles convertidos en carbón.
La parte más alta de los Farallones es Punta Cosigüina, con una altura de 100 metros sobre el nivel del mar, de ahí va bajando hasta Punta San José. Al pie de los acantilados en Ocosme, hay una playa angosta de arenas negras del tiempo de la erupción.
A diez Kilómetros adentro del golfo están las islas Farallones, que pertenecen a Nicaragua, ahí muchas aves marinas tienen sus nidos.
En la base oriental del volcán junto al camino de Potosí al pie de la Loma San Juan hay una fuente de aguas termales.
El Volcán fue declarado Reserva Natural, el 8 de septiembre de 1983, pero desde 1958 había sido declarada refugio de vida silvestre.
La Reserva tiene una extensión de 13 mil 160 hectáreas. Es una zona muy hermosa, propia para desarrollar el turismo.
Esto lo explica Bismarck Caballero de la Fundación Luchadores Integrados al Desarrollo de la Región, LIDER, organismo que administra la Reserva.
lunes, 15 de septiembre de 2014
ACONTECIMIENTOS SOBRE LA EXPLOSIÓN DEL VOLCÁN COSIGUINA.
Un viernes 20 de enero de 1835 a las 6 de la mañana, el Volcán Cosigüina comenzó a echar un hilo de humo que se perdió entre las nubes que mantenían cobijado el cono del volcán por su enorme altura, que se calculaba en unos dos mil metros sobre el nivel del mar. Una hora después se sintieron los primeros retumbos, seguidos de temblores.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
Los animales comenzaron la huida ahí iban las bandadas de aves, las manadas de venados, jabalíes y coyotes, los jaguares, pumas y dantos y toda clase de animales que se mezclaba con el ganado de la zona, que huía sin rumbo.
A las 11 de la mañana su explosión estremeció a toda Centroamérica, el cielo de Chinandega, El Salvador y Honduras se oscureció completamente.
Tres días duró la erupción: el primer día por la presión de los gases voló el taponazo, lanzando grandes piedras hacia el Océano Pacífico, donde quedaron promontorios de rocas, llamados islas Farallones que cerraron un poco la boca del Golfo de Fonseca.
El segundo día siguió arrojando humo, piedras y cenizas, que llegaron hasta Ecuador.
El tercer día los bordes de aquella inmensa boca se desplomaron con grandes estruendos, unos cayeron afuera y otros dentro del cráter.
Las piedras pómez que arrojó en esos días flotaron hasta Colombia. En esos días Oaxaca en México y algunas islas del Caribe se cubrieron de sombras por las cenizas lanzadas por el volcán, de ahí que se le llamó el año del polvo.
Relatos de aquella época, recogidos en “Historia de la Federación de la América Central”, cuentan que: ”llegó a causar las tinieblas más completas, de modo que fue indispensable encender velas y hachones para ver a medio día, pues sin luz artificial era imposible verse la palma de la mano, y las personas se tropezaban unas con otras al circular por las calles”.
“Los fieros tigres llenos de mansedumbre, y los huraños venados, perdida la timidez, se llegaban a las poblaciones en busca de la luz de los hachones…”
“En Nacaome, lugar de Honduras situado al norte del Cosigüina, los habitantes vieron en la oscuridad del cielo ”vislumbres colorantes”, con lo que creyeron atemorizados que podía incendiarse la atmósfera”.
Después de la erupción, muchas personas perecieron de dolores de garganta, tos, catarros y disentería; la península quedó destruida, el ganado cimarrón y de crianza quedó sepultado bajo toneladas de arena y ceniza.El poco ganado que se salvó fue arreado por sus dueños hacia las haciendas y encierros, ubicados en los pueblos vecinos, que tuvieron la suerte de salvarse, porque el Cosigüina lanzó su vómito de fuego hacia el Océano Pacífico.
martes, 29 de julio de 2014
Chinandega y sus tradiciones culinarias.
La sopa de queso con punche, tortas de pescado seco, punches rellenos, tortas de conchas negras, y camarones con arroz, en ceviche, empanizados y en salsa, sobresalen como las costumbres culinarias para la Semana Santa en este departamento.
El profesor Julio Zavala Rostrán, Director de Cultura de la Alcaldía de Chinandega, aseguró que además destacan entre los dulces: el almíbar de marañón, mango, jocote y groseas, conocido como “curvasá”; así como las cajetas de coco, papaya, leche y zapoyol, así como dulces secos como la toronja y la naranja, el toncuá y la cusnaca (jocotes con leche).
Entre las costumbres religiosas está la procesión del Santo Entierro, la del llamado Cristo Yacente --esculpido magistralmente--, el Viacrucis, y la reedición del centurión por parte de un grupo de jóvenes, herencia del tradicionalista José Antonio Bustamante Vásquez.
jueves, 1 de mayo de 2014
Pasocaballos o “paso a la muerte”
Más claro: ella no cree que en esta playa de tumbos violentos y coloración gris-azulada, llamada Pasocaballos, se esconda alguna demoníaca maldición que justifique las misteriosas muertes y desapariciones de decenas de personas cada año.
A decir de esta mujer, que se dedica a vender mariscos cocinados y cócteles desde hace más de 40 años en una enramada a orillas de la playa, en un recodo entre la costa y la carretera de asfalto que bordea un extremo rocoso del balneario, si la gente se muere y desaparece aquí, es porque no respetan las señales de los socorristas, ni los consejos de los vecinos, ni las leyes de la naturaleza que indican que no se debe nadar contra la corriente.
“Allí donde usted está sentado yo tuve los tres cuerpos de cuatro niños que se ahogaron hace casi ocho años. El otro nunca apareció, se lo tragó el mar. A los otros los hallaron en la costa, el agua se los tragó y a los minutos los regresó. ¿Adivine qué pasó? Su familia los descuidó: mientras ellos estaban bebiendo guaro, los niños se metieron al agua cuando el mar estaba llenando. No hubo nada de otro mundo ni cuentos, se los llevó la corriente”, dice ella viendo al mar desde el taburete pata de gallina en que espera la afluencia de compradores cada día.
Un cauce maldito
Pasocaballos es una playa de poco atractivo visual. Está enclavada en una zona pantanosa del occidental departamento de Chinandega, en la carretera que lleva al Puerto Corinto. De hecho, el motivo de la elevada afluencia de turistas es porque queda cerca de la ciudad de Chinandega y a orillas de una excelente carretera de pavimento que llega casi hasta la playa misma.
No hay muchos cocoteros, la vegetación es escasa en la periferia de la playa y la infraestructura, para los visitantes, es de enramadas con techos de paja, pisos de tierra y una que otra choza con barandas de madera, con corredores de horcones ennegrecidos por los humos de los fogones al aire libre.
Desde ahí, de esas ramadas donde música cantinera suena día y noche, existen unos 100 metros de arena brillante extendida en una sábana ondulante que al llegar a la orilla del mar cae un metro perpendicularmente, dejando la impresión de que al terminar la arena caliente hay una piscina un metro abajo, donde estallan las olas rabiosas y espumosas.
“Cuando está vaciando el mar las olas arrastran a la gente desde este borde, las llevan a un cauce que hay ahí, a los pocos metros, y las corrientes que llegan de un lado y del otro hunden a la gente y la arrastran por debajo hasta soltarlas quién sabe dónde”, dice Uriel Madriz, jefe del Cuerpo de Socorristas de la filial de la Cruz Roja en Corinto, quien tiene 14 años de salvar vidas en esta playa.
Trampa mortal
Él tiene una teoría: en un trecho de costas frente a las enramadas, unos 30 metros agua adentro, se forma un cauce de unos 60 metros de ancho y unos tres metros de profundidad, que es cavado por un choque de corrientes marinas que arrastran el lecho acuático mar adentro.
Madriz señala un punto donde dos olas chocan, hacen una efervescencia de espuma blanca, se corren hacia la orilla y luego se regresan con velocidad al punto donde el agua se parte y se hunde como si las esclusas de un canal se abrieran abajo y tragaran el agua de la superficie.
“Allí donde se hunde la ola de regreso está el canal. El que caiga allí se llamaba”, dice el socorrista, quien cuenta, al igual que doña Ana María, que las muertes y desapariciones que ocurren cada año aquí suceden porque la gente, a propósito o por ignorancia, se mete justo donde comienza el canal.
“Hemos puesto boyas, carteles, hemos puesto a socorristas frente a la costa y les avisamos que no se bañen ahí, pero no hacen caso, se roban los rótulos y se meten. Por eso se mueren a cada rato”, se queja Madriz, quien cuenta que el último caso de una desaparecida fue el de una niña de 12 años, la que se ahogó el domingo 17 de febrero y apareció al día siguiente a una distancia de casi 15 kilómetros de Pasocaballos, en una playa conocida como Apatlán.
Ahogados, desaparecidos y devorados
“Tuvo suerte la familia de la niña, porque aquí hay gente que nunca apareció”, cita el veterano socorrista, quien no olvida la vez que en un solo día de Semana Santa vio cómo cinco personas que estaban a la orilla, fueron arrastradas por una ola hacia el canal, y luego ya no aparecieron nunca más.
“Pasamos casi cinco días buscándolas con las lanchas del Distrito Naval, recorrimos como 50 millas mar adentro y más de 40 kilómetros de costa, y nunca aparecieron”, dice Madriz, convencido de que será imposible que este año 2008 la cifra de ahogados no se dispare más allá de los cinco que van contados hasta el 24 de febrero.
Con más de 30 años al servicio de la Cruz Roja, René Valverde, portavoz de esa benemérita institución en Chinandega, conoce el balneario de Pasocaballos como la palma de su mano, pero no se confía del peligro que allí existe.
Esta playa, ubicada cerca del límite entre los municipios de El Realejo y Corinto, a 20 kilómetros de Chinandega, es la “escuela” para los que se gradúan como salvavidas: sólo el año pasado hubo 22 ahogados y 36 rescatados con vida. Al menos ocho cadáveres no aparecieron y unos seis estaban comidos por animales marinos.
Tragedias y leyendas
“El riesgo se concentra en dos kilómetros debido a dos corrientes, una que viene de Puerto El Toro y otra que pega en las piedras, que forman un enorme remolino que hala a los que se ahogan”, explica Valverde, quien agrega que algunos cadáveres no flotan a las 24 horas, como es tradición, sino que aparecen lejos, en estado de descomposición.
Mientras muestra el mapa de la zona de peligro, el vocero de la Cruz Roja asegura que hace varios años, el cadáver de un hombre que desapareció en ese balneario, fue localizado en una playa de México.
El muchacho tenía en un dedo el anillo de bachillerato del Instituto Nacional “Miguel Ángel Ortez” (Inmao), de Chinandega, y por eso fue reconocido. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas trasladadas hacia su ciudad natal. Eso fue en 1976, cuando de 23 ahogados que se reportaron en verano, apenas dos cuerpos aparecieron.
Prueba viviente y reciente de ese drama es la señora Juana Francisca Ramos, quien todavía llora la desaparición de su nieta, la quinceañera Andrea Lourdes Ramos Flores, desaparecida en 2006.
En enero de 2000, Pasocaballos se convirtió en la trampa colectiva donde cuatro niños de una misma familia murieron ahogados. El mayor tenía ocho años y el menor dos, todos de apellidos Tobal Dávila.
Acababan de salir del agua a traer una rodaja de melón, y aún con la fruta en la mano, se sentaron en el borde de la playa. De repente una ola los envolvió, y cuando ya las aguas se disolvieron, no aparecieron sino a los minutos: desnudos e inertes. El menor, de dos años, nunca regresó.
Cobró entonces vida una vieja leyenda sobre un barco industrial que encalló hace años en la bocana de Pasocaballos. Cuenta la leyenda urbana que un día unos pescadores se metieron al barco a querer robar unos metales, y que por una chispa, el barco estalló y ardió, matando a los pescadores.
De ahí el mito: que los pescadores quemados salen a pescar en esa zona y atrapan vidas humanas para ofrecerlas a cambio de que ellos regresen a la vida. Y la otra es que el barco bloqueaba una corriente infernal que ahora entra limpiamente a la playa, y al encontrarse con otra, se juntan y forman una tubería submarina que va a concluir quién sabe cuántos kilómetros mar adentro, lejos de Pasocaballos.
Leyendas de monstruos marinos y barcos fantasmas
En el balneario de Pasocaballos no se ahogan guardavidas ni bañistas de Corinto y El Realejo. De acuerdo a las estadísticas, los ahogados en este paradisíaco lugar provienen en su mayoría de Chinandega, El Viejo, Chichigalpa, León, Managua y visitantes de otros departamentos, como el caso de un futbolista del equipo Jalapa, de Primera División, que era conocido cariñosamente como “El Cóndor”.
En 2004 murieron más de 30 personas, en 2005 unas 37, en 2006 unas 28, y el año pasado 22. Según datos de la Cruz Roja local, cerca de 30 de estos cuerpos no salieron jamás.
Ciertas personas atribuyen el peligro de esa playa a la existencia de una gata marina y un pulpo, animales que según los pescadores de la zona arrastran los cuerpos de los ahogados a cuevas entre las rocas, donde los van devorando conforme se van pudriendo, y luego tiran las osamentas, que son cubiertas por la arena.
A criterio de Valverde, eso se trata de una leyenda. “Son cuentos, lo real son las corrientes y el remolino”, insiste el veterano guardavidas. Él si supone que el “barco quemado”, del cual no quedan rastros, servía de contención de las corrientes, lo cual demuestra que antes había menos ahogados que en los últimos 30 años.
¿Qué tanta fuerza tiene las corrientes? Valverde lo ilustra con una explicación.
“Nosotros tenemos capacidad para nadar siete mil metros lineales, pero nos bañamos a la orilla porque conocemos el peligro que representa este lugar. Nos lleva dos horas atravesar el canal para rescatar a una persona en una extensión de cincuenta metros”, indica el veterano socorrista, quien recomienda a las familias no creer en leyendas, pero sí acatar las orientaciones de los socorristas, cuidar a los niños y respetar las etapas cuando el mar está “picado”.
martes, 15 de abril de 2014
VIAJE POR LA RESERVA NATURAL GENETICA EL ESTERO REAL
Para llegar a Puertó Morazán, hay que pasar por los algodonales cañaverales y bananeras de Chinandega. El sol, el calor y los polvazales, recuerdan el desierto. De ahí en adelante están los grandes salitrales y las camaroneras. Al llegar al Estero Real se ven los manglares. Una palizada que cubre toda la orilla.
Los manglares están acomodados en fajas, que van de10 a 100 metros de ancho. De Morazán al Golfo de Fonseca, hay 7 leguas de pu ro manglar. El mangle rojo, el curumo o, palo de sal, el mangle negro o botoncillo y el angelín. De cada 3 mangles que hay en el país, 2 están en el Estero Real. En el golfo de Fonseca, los camarones se reproducen y sus larvas viven un tiempo en el estero.
En la ñanga del manglar, viven muchas variedades de cangrejos y conchas. Por el estero suben los peces, para el casorio o para poner sus huevos. El estero sirve de refugio a un montón de animales porque aquí encuentran comida y escondederos. En el invierno, los ríos Tecomapa, Aquespalapa y las corrientes arrastran lodo y veneno de los cañales de las bananeras y los algodonales. Todo va a caer al estero y pone turbias las aguas durante todo el año. El veneno afecta a muchos animales como las conchas negras que ya no se encuentran.
La contaminación y el despale amenazan la vida del estero. Los manglares protegen al río, de las corrientes de lluvias, los vientos y las tormentas. Además de no ser por el manglar, cada año la gente tendría que reponer los techos de las casas, cuando pasan los vientos del Norte.
Los lagartos antes eran manadas, ahora ya son pocos. Siempre pasan a pelo de agua, uno tras otro, siempre juntos. Nunca pensé el) comerme alguno, hasta que un día me lo sirvieron en carne desmenuzada. No voy a mentirles, me gustó, parecía cecina de mero. Cuando a veces traigo a mis chavalos, en la noche estoy con el cuido, duermo con un ojo cerrado y el otro pelado. Me da miedo que un lagarto los vaya a sacar de la zamaca". Después de tanto maltrato que ha tenido ya el estero se está empobreciendo hasta encontrar conchas es una ilusión no se diga de 01ros animales, oiga:
Don Pablo Alvarez Herrera de 44 años y 30 de andar en el estero, cuenta que, en el lugar llamado Torrecilla, los salvadoreños y hondureños venían por temporadas. Acampaban para pescar y lagartear.
Sacaban conchas negras del estero, ostiones que daba miedo.
Allá en el mero golfo, hay un playón, que es un cementerio de conchas, recuerdo de mejores tiempos. Los salvadoreños salaban los pescados y secaban los cueros de lagartos. trajo dos mujeres para que los cuidaran. I Un día, los hombres salieron temprano, las mujeres se quedaron en la enramada. y llegó un tigre y se comió a una de ella y la otra, del susto, quedó como loca. De eso hace ya 40 años, cuando la montaña era espesa. Ahora ya no vienen a acampar, pero se aparecen con sus lanchas con el afán de pescar, sacar leña y buscar larvas de camarones con el permiso de quién sabe guién. Dicen que en Honduras, el millar de larvas vale muchísimo dinero y aquí pagan unos cuatro centavos.
En El T empisque encontramos a Don Eddy Espinales, un viejo leñador, gran conocedor de estos manglares. Cuenta que el mangle rojo, es el más buscado y vendido, por eso se está acabando. Este mangle, sólo vive a la orilla del agua, ya cortado no retoña. Los otros mangles se cruzan a la orilla y ocupan su Jugar. Por eso ahora se ven más el angelín, el mangle negro y el palo' de sal. Daba gusto ver un mangle rojo, grueso de 30 pulgadas, ahora sólo hay de 12 pulgadas. El mangle es una buena madera para costruir ranchos y techos de casas. Ahora se desperdicia mucho, solo como leña se está usando, y es que es mejor que la 'leña dulce, hasta verde arde.
PEDRO EMILIO ROMERO CATEDRA DE COCHERO EN CHINANDEGA.
Si come el caballo, come el cochero
"El caballo Indio es bueno para cochero; Unos salen de paso andador... titliqui - titliqui - titliqui. Esos son buenos para albardas. Pero me gusta más el trotón. Es resistente. Ahí van pam - pam - pam, jalando bastante carga. Todos bien cuidados y alimentados, rinden una barbaridad". Don Pedro Emilio Romero, uno de los cocheros de antaño en Chinandega, sigue palabreando de los caballos y de su vida con ellos.
"Yo empecé a trabajar con caballos 40 años atrás. Me inicié con dos coches y 4 caballos. Para ese entonces, no había vehículos de carga ni taxis, sólo 50 coches. Trabajaba todo el día y la noche en dependencia de los trenes. ¡Qué no traían! Yo fleteaba para León lo que se ofrecía: frijoles, maíz, cal... En León abundaba la sal y eso era lo que más se traía.
Yo siempre he salido adelante en el trabajo con los caballos cocheros. Ahora son mis hijos los que siguen. Ya han aprendido a majistrarlos. ¡Oiga mi técnica mía! Se agarra 'el caballo nuevo y se mancuerna con uno aquerenciado. Este es su maestro. El "Pijiriche" es especial en eso. Les pongo una tarabilla o garruchita al mancuerno para que no se ahorquen.
Después se agarra con ellos para arriba de la carretera. Así se acostumbran al ruido de la calle. Les pongo unos tapojos o cabezadas para que no miren los carros por los lados, si no, se me espantan. Desde el primer día, llevan sus arneses de cuero, los collares de la nuca... llevan todos sus aperos.
A la semana se les amarra a un coche vacío, sin carga. Y vuelven a andar de arriba para abajo. Van agarrando amor con el maestro. Les aseguro que es el mes y ya están majistrados. Una vez acostumbrados, van con otro".
"No hay que montarle mucha carga, eso para mí es desconsideración al animal -dice don Marcelino, hijo de don Pedro-o Tras que es nuestro sustento, él se merece otra cosa. Por eso, nuestra Cooperativa "El Esfuerzo" paga a un chequeador. Se encarga de controlar la cantidad de gente montada en los coches. Los grandes llevan 10 personas y los pequeños montan 6.
Ahorita estamos con el problema de miembros que dan mal mantenimiento a los caballos. Un caballo que come mal no te va a guiñar bien. Eso tenía mi papá; primero comía el animal y por último él. Estaba atento a las vacunas y al desparasitamiento. Mi papá ha sido muy conducido. Su orgullo de cochero ha sido andar un buen animal.
Nos falta una ley protectora del animal. Eso sería bello. Todo el que tenga caballos en mal estado: -Mire, lo siento. Creemos que, este animal te dio lo suficiente para mantenerlo a su nivel y lo desatendiste.¡Tenés que jubilarlo!.
Un caballo que trabaja seis horas, no se malcría y atenderlo es cuestión de cariño. La vida de un caballo cochero es de 10 años.
El aseo se le hace por la mañana. Empezamos el baño de atrás para adelante. Así les gusta a los caballos. Lavamos todas sus cosas y de último se deja su cabeza.
El agua se deja chorrear al suave. Se ponen furiosos si le echamos en las orejas. Siempre el baño es por la mañana, por la tarde les hace daño. Les puede dar garrotera porque vienen asoleados y agitados. Luego esperamos dos horas para que vayan a pastear a la parcela. Todas las mañanas les damos un buen aliño. Revolvemos un balde de casuya o granza de arroz con un balde de afrecho o semolina, un medio de maíz, una bolsa de sal y un galón de agua. Con este preparo comen dos caballos. Pero siempre antes de ir trabajar. ¡Dios me libre de darles por la tarde! eso es atentar contra su salud.
Caballo comido, puesto al camino. Se le ponen sus arneses, el collar, los palillos, el pegador y se fijan las riendas. Los que van al pegue a las siete de la mañana, regresan a la una de la tarde. No importa en cual de las cuatro rutas trabajen".
"Yo empecé a trabajar con caballos 40 años atrás. Me inicié con dos coches y 4 caballos. Para ese entonces, no había vehículos de carga ni taxis, sólo 50 coches. Trabajaba todo el día y la noche en dependencia de los trenes. ¡Qué no traían! Yo fleteaba para León lo que se ofrecía: frijoles, maíz, cal... En León abundaba la sal y eso era lo que más se traía.
Yo siempre he salido adelante en el trabajo con los caballos cocheros. Ahora son mis hijos los que siguen. Ya han aprendido a majistrarlos. ¡Oiga mi técnica mía! Se agarra 'el caballo nuevo y se mancuerna con uno aquerenciado. Este es su maestro. El "Pijiriche" es especial en eso. Les pongo una tarabilla o garruchita al mancuerno para que no se ahorquen.
Después se agarra con ellos para arriba de la carretera. Así se acostumbran al ruido de la calle. Les pongo unos tapojos o cabezadas para que no miren los carros por los lados, si no, se me espantan. Desde el primer día, llevan sus arneses de cuero, los collares de la nuca... llevan todos sus aperos.
A la semana se les amarra a un coche vacío, sin carga. Y vuelven a andar de arriba para abajo. Van agarrando amor con el maestro. Les aseguro que es el mes y ya están majistrados. Una vez acostumbrados, van con otro".
"No hay que montarle mucha carga, eso para mí es desconsideración al animal -dice don Marcelino, hijo de don Pedro-o Tras que es nuestro sustento, él se merece otra cosa. Por eso, nuestra Cooperativa "El Esfuerzo" paga a un chequeador. Se encarga de controlar la cantidad de gente montada en los coches. Los grandes llevan 10 personas y los pequeños montan 6.
Ahorita estamos con el problema de miembros que dan mal mantenimiento a los caballos. Un caballo que come mal no te va a guiñar bien. Eso tenía mi papá; primero comía el animal y por último él. Estaba atento a las vacunas y al desparasitamiento. Mi papá ha sido muy conducido. Su orgullo de cochero ha sido andar un buen animal.
Nos falta una ley protectora del animal. Eso sería bello. Todo el que tenga caballos en mal estado: -Mire, lo siento. Creemos que, este animal te dio lo suficiente para mantenerlo a su nivel y lo desatendiste.¡Tenés que jubilarlo!.
Un caballo que trabaja seis horas, no se malcría y atenderlo es cuestión de cariño. La vida de un caballo cochero es de 10 años.
El aseo se le hace por la mañana. Empezamos el baño de atrás para adelante. Así les gusta a los caballos. Lavamos todas sus cosas y de último se deja su cabeza.
El agua se deja chorrear al suave. Se ponen furiosos si le echamos en las orejas. Siempre el baño es por la mañana, por la tarde les hace daño. Les puede dar garrotera porque vienen asoleados y agitados. Luego esperamos dos horas para que vayan a pastear a la parcela. Todas las mañanas les damos un buen aliño. Revolvemos un balde de casuya o granza de arroz con un balde de afrecho o semolina, un medio de maíz, una bolsa de sal y un galón de agua. Con este preparo comen dos caballos. Pero siempre antes de ir trabajar. ¡Dios me libre de darles por la tarde! eso es atentar contra su salud.
Caballo comido, puesto al camino. Se le ponen sus arneses, el collar, los palillos, el pegador y se fijan las riendas. Los que van al pegue a las siete de la mañana, regresan a la una de la tarde. No importa en cual de las cuatro rutas trabajen".
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